sábado, 13 de diciembre de 2008

Mi aventura de ser docente

Mi aventura de ser docente
Aun recuerdo de mi miedo que a que se me acabara la materia que había preparado para cada clase, a que un alumno me hiciera preguntas comprometidas. Luego con el paso del tiempo, corrigiendo errores y apuntalando lo positivo, pude abandonar las apariencias y me gane la libertad de ser docente.
Ahora entiendo la escuela como un sitio adonde vamos a aprender, donde compartimos el tiempo, el espacio y el afecto con los demás y no se debe pensar que solo se abre la mente a los alumnos, sino que también se expande la propia del docente.
Cada día, antes de explicar un tema, necesito preguntarme que sentido tiene el que yo me ponga ante un grupo de alumnos para hablar de esos contenidos, que les voy a aportar, que espero conseguir y luego como enganchar lo que ellos saben, lo que han vivido, lo que les puede preocupar, con los nuevos contenidos que voy a introducir, cuestión que para mi será un verdadero reto.
Como docente debo ser un comunicador, siendo un intermediario entre la ciencia y los alumnos, que necesito dominar las técnicas básicas de la comunicación individual o en grupo, encontrando las formas adecuadas de expresión, en las que los silencios son tan importantes como las palabras, saber interpretar las señales gestuales que emiten los alumnos para regular el ritmo de la clase.
Como docente debo descubrir que debo atender otras tareas distintas a las de enseñar, como definir funciones , delimitar responsabilidades, discutir y negociar los sistemas de trabajo y de evaluación, adecuar su enfoque de los conocimientos para hacerlos accesibles a su grupo de clase. Y ahora ya, el tiempo corre en mi contra.
A la orden Teodoro Franco Téllez.

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